Espaverso, es un espacio sin tiempo...

Cuándo yo uso una
palabra..

[Con un tono más bien
desdeñoso]

..quiere decir lo que yo quiero
que
diga..., ni más ni menos.


Así todas son criaturas de formas
muy
curiosas.

Espaverso es un regalo de alguien.

Es una palabra robada, una lágrima fingida, unas ganas de reír. Un eterno raro.


jueves, 19 de agosto de 2010

Avisos debajo de la piel





La señorita llegó a su casa, tenía la bolsa llena, la fue desocupando sobre la mesa. Primero el libro con ilustraciones jamás creídas, luego el de Derecho Constitucional que le pidió su abuelo, también estaba el libro de jardinería para la tía Marta y finalmente la novela romántica de Jane Austen para el cumpleaños de su mamá. Pero algo no encajaba en su lista de compras, en el fondo de la bolsa había un pequeño libro de bolsillo que no esperaba encontrar allí, con la cara poco simétrica de Cortázar.

Lo sacó con cuidado, y le quitó el envoltorio de plástico. Cuándo lo abrió una pequeña hoja cayó al suelo, al desdoblarla decía lo siguiente: “Esas son las comunicaciones verdaderas, los avisos debajo de la piel. Y para eso no hay diccionario”*. Se quedó pensativa un rato, no entendía cómo había llegado el libro a su bolsa, ni cómo de un libro nuevo saldría una nota (escrita al parecer con prisa, además olía a té verde y al tacto se sentía como un París en día de lluvia). Entonces volvió al libro buscando una pista: Página 1 “A su manera este libro es muchos libros” leyó y cometió un gran error, Rayuela la atrapó, la jaló al interior de un mundo de sentimientos atrofiados, distantes, amables y divertidos, con cambios de ritmo en juegos malvados de tiempos verbales. Y allí (leyendo) reconoció al autor de la nota misteriosa, un hombre que vivía en las letras: era el protagonista, Oliveira. Un personaje en el que confluía todo el conocimiento cultural, musical e histórico del autor, que un día percibió la necesidad de hacerlo trascender y por tanto, se dedicó a buscar la forma de pasar el mensaje a otra dimensión, con la intensión de compartir aquellos “avisos debajo de la piel”.

La señorita decidió pasar página por página para esclarecer las razones de esta nota y en esa búsqueda se topó con el misterio de la Maga y con el jazz de media noche narrados en Rayuela. Cortázar la llevó a volar un rato entre las líneas de aquella historia contada con muchas comas y pocos puntos aparte. Así la señorita se sintió dentro del relato, se sintió con el poder suficiente para decidir cómo quería leerlo o entenderlo y después de terminar tomó nuevamente la nota que le dejó Oliveira y volvió a la Feria del Libro, casi corriendo, con ganas de terminar lo empezado.

Encontró Papeles inesperados, publicado 25 años después de la muerte del autor por Editorial Alfaguara, una recopilación de textos inéditos, géneros de todo tipo, principios de algunos cuentos, finales de otros, historias, cronopios, crónicas, notas, famas. Pensó en llevárselo a su casa, recordó que “para las comunicaciones verdaderas… no hay diccionario” y que podía darse al reencuentro con este autor, aun si acababa de conocerlo y quiso experimentar, buscó Obras completas y se quedó atascada en una autopista del sur mientras leía una carta a una señorita en París, aprendió cómo darle cuerda a un reloj, conoció a Un tal Lucas, pintó Graffitis que sólo ella entendía, y sin darse cuenta se fue mezclando con este autor que le enseñó a no aceptar las cosas tal como son dadas.

Primero pensó que el hecho de que libro estuviera de manera fortuita en su bolsa de compras había sido un regalo mágico de esos que a veces pasan, pero luego se dio cuenta que fue ella la que se regaló a la obra corteziana, que esa nota que apareció por ahí era un llamado a llenarse de relatos, de comunicaciones verdaderas, de avisos debajo de la piel. Y comprendió que para eso no hay diccionario.


*Cortázar, Julio. “Capítulo 28”. Rayuela. 1963

viernes, 6 de agosto de 2010

Cosas de inmortales


Es muy intrigante cómo la Industria Cultural funciona de maravilla, incluso da un poco de miedo. No fue hace poco que todo aquel que se ponía un gabán negro, llevaba unos ojos pintados acompañados de una actitud silenciosa y muy seguramente un libro de leyendas vampíricas era visto con la mirada inquisidora de una madre de familia temerosa y discriminatoria.

Tal vez, esa madre nunca se imaginó que sus hijos comprarían en masa las historias de los famosos bebedores de sangre (colmillos, sangre, “Ave María purísima”) además de que se harían a sí mismos copias graciosas y siniestras de esos seres de la noche, que reproducidos, plagiados, repetidos, reiterados, inundan no sólo las pantallas de los grandes cines sino también las páginas de los libros.

Distintos a los personajes de culto que en su tiempo fueron Drácula de Bram Stoker o Lestat de Anne Riece, estos nuevos vampiros -de mirada sexy, que van al colegio y muy seguramente tienen Facebook y chatean por medio de su Blackberry mientras el sol vuelve a ocultarse- con su sonrisa encantadora conquistaron el corazón de miles de niñas y de unos cuantos empresarios fabricantes de Best Sellers y de películas súper taquilleras. Sin embargo, estos son los vampiros hechos a imagen y semejanza de Gossip Girl y High School Musical, y por tanto se evaporarán tan pronto como aparezcan otros seres más cool.

Es por eso que ver The Midnight Guardian (La guardia de medianoche) en la Feria del Libro produce esa comezón extraña de ver la repetición en lo redundante y el cliché. En esta ocasión, dos grandes se enfrentan: los Nazis en busca de la purificación de la raza y los vampiros que lucharán para que la guerra se acabe y evitar que se agote su fuente de alimento: los humanos. Este es un relato en el que la autora, Sara J. Stratford, promete una historia oscura con ausencia de blancos, incluso de grises.

Stratford visitará el país y en medio del Encuentro Internacional de Escritores organizado en el marco de la Feria, contará porque la política, la guerra y la Europa de la época pueden hacer que estos personajes trasciendan de un simple mercado de hormonas juveniles, para ser los villanos con clase que muchos admiran, esperemos que así sea.

En este encuentro no sólo escucharemos el relato de esta escritora estadounidense, también podremos escuchar a la reconocida francesa Catherine Millet que revolcó la literatura erótica del Siglo XXI. Autoras que nos mostrarán la mezcla entre la fantasía de un cuerpo inmortal, de un alma eterna y las ganas de rechazar la insignificancia de la vida humana, pero con la picardía de los places de un cuerpo mundano y mortal.

La Industria Cultural tiene absolutamente claro qué es lo que vende, la doble moral de lo bueno y lo santo, las acciones despiadadas de los vampiros y el ego afrodisíaco de La vida sexual de Catherine Millet. Este año comprobaremos qué es lo que nos ponen y ponemos de moda en cada una de nuestras bibliotecas, pero la reflexión sigue ahí. Aquello que se admira mucho luego se vende.

Por ahora, que las letras nos permitan viajar a esos mundos sombríos de quienes se alimentan de sangre o de placer, ya decidiremos nosotros mismos después de ojearlos si vale la pena amarlos u odiarlos.
Después de todo, nuestra vida se encuentra inmersa en clichés codificados, copiados y universalizados que seguimos solicitando. Lo importante es seguir la invitación de Millet de ser sinceros con nosotros mismos y de reconocer que el placer es efímero y que el cuerpo es superior, no importa qué tan mortales seamos.

Teclear desde la periferia


Son las tres de la tarde y está lloviendo, tengo un café amargo y estoy sentada en la comodidad de un sofá viejo. Tengo todo lo necesario para tener un buen libro en la mano, pasar cada página, sentir los olores viejos, encontrar papelitos escuálidos que recuerdan lecturas pasadas. Sin embargo, llevo en las piernas un portátil ya pasadito de moda y estoy deleitándome con un post de una bloggera cubana, en él relata cómo se hace una delicada trenza mientras ve, en unos de los espacios más oficialistas de la TV cubana,como es calificada de “ciberterrorista” por propagar la “guerra mediática” y muchas otrasmezclas de palabras entre periodismo, computadores y guerra.

Yoani Sanchez sabía que ser mencionado negativamente en dichos programas era la confirmación de la muerte pública. Pensativa, se quedó en casa preguntándose cuánto tiempo tardarían en venir esos hombres que esculcan entre los cojines de la sala, y en que todos los vecinos de la cuadra dejaran de hablarle. Pero nada pasó, todos más interesados en la compra del arroz se perdieron aquella transmisión, y aunque la hubieran visto tampoco se habrían alejado de ella.

Desde abril de 2007, Yoani se embarcó en la idea de hacer un blog titulado “Generación Y” desde el cual se dedica a relatar y opinar sobre todo lo que su vida civil no le permite. A pesar de estar censurado en su país, es el blog cubano con más seguidores, y para muchos, la muestra de la lucha por la libertad de expresión.

Ella está tranquila porque sabe que fuera de Cuba ella "es". Trasciende por medio de las palabras ya no en tinta y papel sino en símbolos y claves bañadas de hipervículos.

No veo la Web como un asesino de los libros, sino como otra alternativa, algo que le permitió a Yoani salir del anonimato, tal vez de forma restringida e incoherente...ser libre. Y es el hecho de que nosotros la leamos lo que la hace libre.

Muy posiblemente encontremos el libro de Yoani “Cuba Libre” en alguna librería cercana. Será una buena excusa para pasar de la nueva cotidianidad del teclado al susurro de las hojas.

lunes, 17 de mayo de 2010



UUUUUY qué susto. Pasó la inspiración corriendo, me pico el ojo!.
Me dejó sola la muy tirana.


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domingo, 16 de mayo de 2010

En el ático


Ve cómo la luz se filtra por entre un espacio minúsculo entre la biblioteca de libros usados y una planta que dejó de vivir del agua hace mucho rato.
Tiene un sustito cosito bailarín, como que se parece pero no no a una revistita de dudosa influencia política.

El salón está tan oscuro que apenas si ve una sonrisa burlona que se dibuja en los labiecitos de menta. De todas formas se pone a escribir, pidiendo que por favor la tinta haga su trabajo y el mensaje sobre la hoja perdure.

Mientras espera que se haga la luz, intenta ponerle nombre a todo lo que sus manos palpan del espacio, como ese pequeño monstruo que es aire al que llamó sin más: aire. También puede sentir como el polvo que la aleja del suelo es un tapete de nube dura, bastante sucia.

Sin más temor, abre el diario. Ya ha tenido suficiente, debe darse por vencida, eso de morir en el intento ya no es lo suyo. Sobre todo cuando el vestidito blanco se le ha ensuciado de merengue y sandía.

Pasos afuera, diablos. Trata de esconderse tras un viejo busto de un mártir franciscano, es muy probable que no la encuentren. Si lo hacen se la llevarán lejos. Y nadie nunca leerá la carta. Espera acurrucada, lejos de la única linea de luz que llena el espacio y que hace bailar un sin número de hadas del polvo que se deslizan por ella como si fuera un arco iris.

continuará...

jueves, 22 de abril de 2010

Recorrido


El frío me rompe los huesos, los árboles bailaban al ritmo de una canción triste. El día, tan oscuro, me daba ganas de cantar para que el cerebro no se me rompiera en dos, como todo el calcio que tenía dentro. Plaza Italia se mostraba oscura aunque el sol resplandecía bajo un cielo azul argentino.
La casa en que vendían las facturas de chocolate estaba cerrada. Caminé tres cuadras para nada pensé. Sola en medio de la calle, la que comunica siete con diagonal 74 una puerta estaba entre abierta bajo un letrero de caligrafía gastada por lo años. La estancia, tan oscura como el frío de un agosto invernal, estaba extrañamente iluminada por una gran lámpara de tela roñosa. Está calentito. Todos los estantes repletos de libros se aglomeraban en las paredes, el suelo, incluso el aire, se encontraban completamente cubiertos por lo que parecían los rastros de hojas viejas.
-¿Si, hola?-. Una voz ronca sonó de algún lugar de la librería. Respondí a su llamado, mientras me sacaba los guantes de las manos y tomaba el primer libro que tenía a la mano para aparentar comprar algo y no ser una más de esos clientes molestos (creo que a pesar de eso lo fui)
-¿Venís buscando algo?-.
-Rayuela- respondí, como quien no quiere la cosa, la típica respuesta de un adolescente que quiere pasar por intelectual cuándo no lo es, pero lamentablemente queda como un estúpido.
Otra más que quiere desahogarse en Cortazar. Un hombre de unos sesenta años irrumpió y llenó el espacio con una barba blanca, demasiado alto, llevaba un abrigo largo y una bufanda que lucía de modo elegante, tenía algunas cicatrices en la piel que se confundían entre las finas arrugas. Debió ser bastante guapo pensé y solté una risita por pensar en eso. -Sí, otra más- dije en voz alta.
Así fue que conocí a Facundo Ducrosi.

...

Salí de clase temprano, pensando en Apadurai o en Bauman, esos autores que se ponen de moda por épocas en las facultades, y que todos leemos por ir con la corriente. Mientras me llenaba la cabeza pensando en si la globalización me caía bien o no, o si el capitalismo apestaba tanto como para que yo dejara de ver películas baratas de Hollywood, me topé con Plaza Italia. Aquél lugar ya era algo común en mis viajes de la facultad a la casa, lo hacía por inercia puesto que no era una salida inteligente ya que me desviaba un poco del camino más cómodo.
Vi la librería a lo lejos, y como es habitual: entré arrastrando conmigo todo el frío de la calle aunque hoy estaba especialmente cálido, no obstante seguía estando prohibido sacarse los guantes de las manos.
-Veo que instalaron campanita-
-Así es, ya no escucho bien cuándo llega alguien-
Busqué sin saber qué entre los nuevos títulos, era algo que se estaba convirtiendo en mi rutina predilecta, me producía un extraño placer estar allí entre tantos mundos, aparentemente extraños a este.
-¿Cuándo regresás a Bogotá?-
-¿Disculpe? ¿Cómo sabe usted de dónde provengo?-
-Un día... conocí una colombiana- Se detuvo en seco y miró hacía otro lado - muy bella por cierto, vos sólo me recordás como hablaba... esa tonada difícil de olvidar-

...

Con el tiempo Ducrosi, ya sabía mi nombre pero aún yo no conocía nada sobre él... y empezó a conocer mi historia, al principio yo no lo expuse como la gran cosa, pero al ver que se interesaba tanto, proseguí con entusiasmo. A veces me interrumpía con preguntas para que yo no perdiera el hilo de la historia.
Hoy, llevada por la costumbre, visité el lugar.
-Supongo que seguramente hoy tampoco comprará nada- me sonreía tras el mostrador- Íbamos en lo que ibas a estudiar, supongo que por los libros que revisas estudias Derecho-
-Se equivoca por poco, se supone que estudio para "convertirme" en periodista-
Formó una sonrisa que le cerraba los ojos por completo - El periodismo... veamos, tu afirmación es inquietante ¿vas a convertirte en algo que no eres ahora? ¿Por qué, para ser, debes decir que no eres? Yo tengo una relación tormentosa con el periodismo. Más bien con aquellos nuevos periodistas, uno de ellos justo me llamó está mañana para hacerme una entrevista sobre la caída del muro debido al aniversario-
- ¿A usted?- me reí burlona.
- Y, sí, yo estuve allí.

...

Las calles de La Plata estaban cubiertas de una capa de hojas moradas, producto de una primavera púrpura. Últimamente siempre que visitaba la librería llevaba conmigo un paquete de galletas de manteca para que el señor Ducrosi me compartiera un poco de su mate. De entre todos los muebles que poblaban el local había una pequeña poltrona en la que disfrutaba pasar la tarde, leer un poco para la universidad y ver por la ventana como la gente dejaba sus abrigos en casa para sacar sus bicicletas. Allí en la poltrona escuché todo sobre como el propietario del lugar fue uno de los mejores periodistas que tuvo la Argentina, pero justo aquel día no estaba. Un hombre joven pero con la cabeza cubierta de canas intentaba instalar un computador en el lugar donde antes tenían los libros de cuentas y los catálogos, me pareció un poco extraño el contraste en medio de los libros, una contradicción que en nada se contradecía a sí misma. No me quiso decir dónde se encontraba su padre ni a qué horas llegaba, así que saqué algunas fotocopias del bolso y me senté a leer.
-Leyendo fotocopias en mi librería, creo que ya lo he visto todo- Un hombre viejo entraba con un aspecto bastante alicaído pero siempre con aquella actitud sonriente.- Tienes todos estos libros para leer, pero los profanas sacando tus copias repugnantes-
-Supongo que es porque puedo rayarlas, no me atrevería a rayar uno de sus libros, sobre todo este que es inapropiadamente costoso-
-Los libros deberían ser gratis, deberían, pero no, yo los vendo, es cierto. El conocimiento no es sino otro bien, el más valioso por su puesto-
En ese momento el hijo de señor Ducrosi salió sin despedirse, cosa que obviamente no pasó desapercibida.
-¿Trajiste galletitas?-

...

Cada tarde de librería era un despertar al mundo. Yo, fascinada con cada relato que Ducrosi tenía para contarme.
- El 24 de marzo de 1976 ocurrió lo que muchos esperaban: Isabel Perón fue detenida y trasladada a Neuquén, fue así que el régimen militar puso en marcha una represión implacable sobre todas las fuerzas democráticas: políticas, sociales y sindicales, con el objetivo de someter a la población mediante el "terror de Estado" y así imponer el "orden", sin ninguna voz disidente. Recuerdo que se inauguró el proceso autoritario más sangriento que registra la historia de nuestro país. Estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales y otros fueron secuestrados, asesinados y "desaparecieron". Mientras tanto, mucha gente se exilió. Yo fui uno de ellos. Tenía 26 años cuando nos fuimos con Guido, él sólo tenía cinco años, pero la dictadura era cruel, sobre todo con los periodistas y yo sabía mucho y Nuria también. Nos fuimos en barco a Europa y finalmente pudimos instalarnos con algunos porteños en una ciudad un tanto macabra de Alemania, vivimos con un miembro del Partido Obrero de Buenos Aires y su esposa Adriana, una hermosa colombiana- se detuvo un momento pensativo y taciturno, tomó un libro y leyó durante unos minutos, después me detuvo su mirada sobre mí, como con nostalgía, sonrió como si su plan más macabro y maqueivélicamente planeado le estuviera saliendo a la perfección, un brillo en sus ojos me mostró un lado tierno, luego continuó.
- Fue en esa época, en que ambos (Nuria y yo) trabajábamos para lo que ahora es la Agencia de Prensa del Mercosur. Yo soñaba con volver a Argentina, agarrar mi moto, poner a Guido en la parrilla y arrasar a toda velocidad una Av. 9 de Julio que me esperaba y comerme un choripan grasoso en la cancha de River. Pero Nuria no quería eso, ella tenía demasiadas ganas de volar y alas bastante grandes. Nuestro matrimonio no era más que un compendio de sonrisas hipócritas y miradas inmaduras, todo giraba en cuidar a Guido, que tuviera una buena educación que comiera bien.
Nuria se fue en tren por toda Europa, venía de vez en cuando y saludaba a Guido. Yo todavía era muy machista para tener que quedarme en la casa, pero nunca fui capaz de salir de ella porque no sabía hablar alemán a pesar de que viví casi quince años allí. Obviamente Guido lo hablaba, el pibito sabía mucho más de eso que cualquier otro en la casa. Un día me preguntó "¿papá yo si soy gaucho?" le respondí que sí cuando en el fondo sabía que no era cierto y se me revolvían las entrañas-

-Entonces, qué hizo en todo ese tiempo- pregunté sintiendo lo entrometida que sonaba mi pregunta, sin embargo, pareció que apreciaba que se la hiciera.
- Me dediqué a escribir y arreglar libros, siempre fui muy cobarde para enfrentarme a la Alemania que conocí, me quedé en casa armando esta librería. Con el tiempo, Nuria se ausentó mucho más de la casa, estuvo en Marruecos durante varios años y se involucró de lleno en Oriente Medio. Creo que en el fondo nuestro matrimonio no funcionó, no porque yo no la quisiera, sino porque me moría de la envidia. Así que impotente, cobarde y temeroso, dejé que Guido se criara solo, yo me quedé en la casa, pero a pesar de todo, fui feliz-.

...

-¿Sabes hace cuanto tiempo que no le hablaba a mi padre? Me arrepiento tanto, los veía en la librería hablando, él te contaba cosas que nunca fue capaz de contarme a mí. Creo que en el fondo siempre amó mucho a mi madre, pero yo estaba muy rencoroso para perdonarle lo que hizo-
- ¿Entonces todo tiene que ver con Adriana?- Pregunté, tratando de atar cabos, Guido cubierto aun más por las canas me miró con tristeza.
-Claro, todo tiene que ver con Adriana. Cuando cumplí los once años me enamoré de su hija, Laura... Ella tenía dieciséis y fue la primera que me dio un beso, lo que yo hacía era sacarle fotos, ella posaba para mí cubierta de ropa pero mi imaginación iba más allá yo me revolvía de ganas de verla desnuda. Su padre, que fue exiliado de Argentina junto con mis padres por dirigir el partido obrero en Buenos Aires, fue el que me enseñó a el arte de la fotografía, yo quería ser él, pero sólo porque amaba a Laura ya que estar con él significaba estar con ella. Pasó mucho tiempo hasta que por fin pude tomar las fotos que quise, ella nunca se dio cuenta. Como era obvio no podía revelarlo en el cuarto oscuro de Alberto, así que organicé uno de los armarios más grandes para poder meterme dentro y usarlo como mi bulín oscuro y apagado, donde pudiera revelar toda mi morbosidad. Nadie sabía que hacía yo allí, mi papá no hablaba conmigo y poco a poco olvidé el poco español que sabía. Extrañaba a mi mamá, pero la odiaba por abandonarme. Un día mientras estaba escondido en mi cuarto oscuro vi como...-.

Todo su cuerpo se estremeció y me miró profundamente, yo estaba atónita porque no entendía porque después de tanto tiempo de que jamás me dirigiera la palabra Guido me contara todo. Aún me dolía mucho la huida del Señor Ducrosi, cada vez que pensaba en eso sentía un malestar peor, pero creo que esa fue la única cosa capaz que hizo que Guido se reconciliara con él. Yo podía sentir el dejo de arrepentimiento en su voz cansada, era impotencia más que dolor. No hice ningún comentario incitándole a que me terminara de contar la historia, esperé temerosa de saber aquella verdad que mucho o nada debía importarme. Creí entender con la mirada llorosa que lo que sentía ese hombre era una incomprensión hacía sí. Me miró, y entendí. Todo se debía a Adriana.

Quise preguntar algo sólo para disminuir un poco el silencio incómodo que me afectaba los oídos. Guido entornó los ojos, como haciendo un esfuerzo por callar, no necesitab apreguntar nada, él simplemente presentía que yo sabía.
- Lo odié tanto, pero a la vez lo admiraba, lo odie por hacerle eso a Nuria, lo odié por hacerle eso a Alberto que era mí ídolo, lo odié por lograrlo con Adriana mientras yo no podía hacerle nada a Laura, lo odié por ocultármelo todo este tiempo. Pero lo entendí, mi madre nunca estaba en casa y él sólo tenía sus libros, ni siquiera me tenía a mí. Él era como un lobo estepario que vagaba solitario, huyendo de la manada buscando su libertad. Y con la única que podía hacer contacto, con la única con la podía dejar de ser hipócrita, era ella, Adriana.... Eso lo entendí muy tarde, lo entendí sólo hasta hace unos meses, cuando supe que partiría, por eso dejé de hablarle, porque no sabía que actitud tomar, sobre todo cuándo vi que ella tampoco lo olvidó jamás. Y verla caminar por La Plata, buscando excusas para verlo... lo que me duele es que se haya ido sin despedirse...
...

Caminé con el libro entre las manos, con la tristeza extraña de admiración compleja. Me despedí de todo lo que ese mundo significó mí, de los libros de Ducrosi, de su amor inentendido, de sentirme cómplice, de no ser jamás parte. Sentí que las estaciones estaban cambiando de lugar, que ahora un sol naranja me quemaba los hombros, que no se podía respirar. Sentí que aprendí, de mí, de los otros. De todos aquellos, que como yo, hacemos parte y la vez estamos lejos de estarlo. Este fue y será mi viaje... hacía algún lugar.. así.. inentendido...

Buenos Aires, 2009

lunes, 19 de abril de 2010

Chat de media noche

00:29Litio
Mi Lucca abandónica

01:11Lucca T
Perdóname
No estoy aquí
01:21Litio
Juhm

01:22Lucca T
Entiendes mi preocupación?
01:24Litio
Entenderá ella que somos humanos no?

01:24Lucca T
Jajaj
Supongo
Aún más si está embarazada
01:25Litio
Juhm.... habría que apelar a su instinto maternal y evitarla cuando tenga cara de malestar intestinal
debes ser como el tigre

01:26Lucca T
Sonrisa.
01:26Litio
Qué sueño


01:26Lucca T
Ve a dormir
01:27Litio
No te preocupes por cosas así

01:27Lucca T
Me quedé dormida cuándo llegué
y me levanté a las 13
a las 12
01:27Litio
Las 13 son un bonito número

01:27Lucca T
No sé que tan sano sea,
pero las 13 el sol está en lo alto
01:27Litio
mmm mientras sea temporal, aguanta, aunque sentirás el cansancio

01:27Lucca T
Mañana será duro
01:28Litio
13 sol y luna bailarines empedernidos empapados en vino

01:28Lucca T
ya son las 2 y aún no termino
01:28Litio
aún no son las dos, extremista

01:29Lucca T
ash para mi sí
01:29Litio
Perdí la clave de mi buzón de voz y ahora la intriga por el mensaje que está ahí no me va a dejar dormir

01:29Lucca T
Tengo depresión de escuchar la respiración pausada y placentera de mi mamá
igual nadie te va a decir nada coherente (suspiro)
01:30Litio
No, la máquina me recalca lo estúpido que fui al perder la contraseña... y luego se compadece de mí y me tiene lástima
"siento que esté teniendo dificultades, intente de nuevo más tarde"
Estúpida

01:31Lucca T
Veo
Talvez no sea una máquina
Sino una linda telefonista taciturna
y qué se yo...
01:32Litio
no mi Lucca, para lindas estás tu... y si así lo fuera, aún habla como máquina y eso produce el desencanto

01:33Lucca T
es cómo el chico sexy que prestó su voz para el Transmilenio
la historia es larga...
01:34Litio
pero ya nos desquitaremos del tiempo en su momento

01:34Lucca T
siempre quiso ser locutor... pero su voz no fue aprobada por Gossain...
hasta que un día lo atropelló un Transmilenio en el Portal de Banderas
y para callar el drama, las directivas le ofrecieron un negocio redondo... París, hotel y vinos.
las negociaciones no tuvieron el objetivo esperado...
hoy lo escuchamos lamentándose en los buses rojos...
01:37Litio
es el que dice "próxima parada??"

01:37Lucca T
sí.. lo conoces?
01:37Litio
sólo le escucho

01:37Lucca T
triste... pero esa es la verdad...
01:37Litio
siempre creí que él era ella...

01:37Lucca T
no me imagino que historia tendrá la de correo de voz...
te imaginas??
01:38Litio
Dios... pero igual no tiene derecho

01:38Lucca T
fue lo que siempre se preguntaron las directivas...
01:39Lucca T
Estas conversaciones... demuestran las pocas ganas que tengo de todo... y la depresión de ver que "que tal" salga el sol y yo aquí... y luego..."eso me pasa por estar aquí"....
01:41Litio
por lo pronto no estreses
y quiéreme un poquito (pedigueñamente) y no puedes decirme que no...
descansa y calma
te dejo un picolín volador así no lo quieras... no le cortes las alas

01:41Lucca T

sábado, 17 de abril de 2010

Hoy me dí cuenta que es más fácil escribir cuando estoy triste, o cuando la hoja de papel se mueve entre brumas y sombras.

Hoy entre mareos de transporte masivo. Lo supe.

martes, 23 de marzo de 2010

Crónicas de los cerros



Es otro domingo y la luz se mete por entre los agujeros de las paredes. El estómago se le retuerce en pequeños lapsus de tiempo, pero la sensación de hambre la ha sabido controlar con la mente, por ahora sólo quiere jugar con las figuras que se arremolinan en la sábana. En la parte de atrás del cambuche, Angie ha logrado organizar una pequeña cocineta que se confunde con el taller de chatarra que tiene en la otra esquina. Decide calentar un poco de agua de panela y partir un trozo grande de pan para compartirlo con Felipe y Valery. Es temprano y está contenta porque la noche anterior no llovió.

Con sólo 20 años vive en un pequeño rancho construido con pedazos de lata y madera sucia, algunas bolsas de plástico de color negro sirven de protección contra el viento y las tejas se agarran de las paredes gracias a una precaria cabuya que las ata a unas columnas que realmente son sólo un pedazo de madera raída por el moho y el viento de una Bogotá sureña y olvidada.

Dentro de casa duermen Felipe y Valery, dos niños de apariencia sana, una sonrisa que dormita y que combina con sus pijamas de ositos. Felipe de 7 años es quien cuida a su hermana Valery de tres. Cuándo nació, Felipe ya estaba lo suficientemente grande como para entender que tendría que compartir sus cosas con la nueva niña, también entendió que era su hermana y que eso la hacía lo suficientemente importante como para prestarle su balón de fútbol. Mientras tanto Valery con el cabello rubio y ondulado, totalmente diferente al de su mamá, negro y liso, se enreda en una vieja cobija sobre la única cama que hay en la estancia.

Allí cada cosa parece estar en el lugar incorrecto, una vieja nevera que no está conectada y que en su interior guarda algunas prendas de vestir, un armario roto de mimbre, las fotografías que se reparten por todas las paredes y que ya han perdido su color, o los tapetes que tratan de alejar el frío y la suciedad de la tierra sin éxito. No parecía que hubieran ganas de seguir con ese lugar, siquiera de ordenarlo.

Jairo y Angie se conocieron en Soacha hace algunos años, el embarazo de Felipe fue la causa de un matrimonio apresurado, decidieron alejarse de la familia y conseguir un lote donde pudieran armar una casa, lo consiguieron en Altos de Cazucá, cuándo todavía no estaba tan lleno el barrio. Desde allí podían ver todo el pueblo de Soacha pero talvez eso era lo único que rescataba Angie del lugar; al estar cerca de una escabadora de piedras, el ambiente olía a polvo y sabía a tierra, no habían calles ni acueducto, mucho menos energía eléctrica. El panorama inicialmente era un potrero inclinado con casuchas escuálidas, luego se fue tornando un paisaje de ladrillos y gente, que ocultaba cada vez más la vista, hasta el punto de borrarla totalmente y Angie ya no tuvo a que más aferrarse.

Ahora el barrio se transforma en un lugar peligroso, lleno de miedos y destierros, desplazados, drogas, limpieza social, pandillas. Casi una pesadilla, cómo mujer tiene recelo de los hombres que caminan borrachos en ocasiones por las calles del barrio, como madre sufre de pensar que Valery crezca y que Felipe se aleje de su lado.

Aquella mañana Jairo no estaba en casa, no había vuelto en los últimos 3 meses dejando a Angie con la compañía de ese gran temor que se vuelve corpóreo entre la tierra y los caños de hediondo olor. La había golpeado y ella le pidió que se largara. Cada uno de los golpes le había reducido un poquito de alma a Angie, se le había encogido, era difícil encontrarla aunque se apretara duro el pecho

“Ya no es lo mismo, una nunca sabe que va a pasar” dice Angie mientras termina de peinar los rizos de su pequeña hija, “lo único que sé es que no se puede confiar en nadie”. La confusión le ronda la cabeza como si fuera el repique de una campana, aún no comprende lo que pasó esa mañana. Tres jóvenes de su edad tocaron a su puerta, usaban camisetas iguales de color azul y le sonreían, situación que le extrañó mucho porque por esos días nadie sonreía. Se acreditaron como miembros de una ONG, ella casi no entendía el significado de eso pero no quería parecer ridícula al preguntar, así que se quedó callada intentando escuchar.

“¿Una casa?” repitió con los ojos más abiertos que de costumbre, no entendía cómo alguien que no la conocía llegaba hasta su puerta y le ofrecía construirle una casa, no sabía si le estaban repitiendo cada frase una y otra vez o era que retumbaba en su cabeza… una casa…una casa.

Los voluntarios de Un Techo Para Mí País le explicaban el procedimiento, pero ella no escuchaba nada, llevaba más de 6 años viviendo en ese lote, abandonada a su suerte, maltratada por la sociedad, siendo invisible. No podría soportar una humillación más, así que esperó y asintió a cada frase que le decían: tardaremos sólo un par de días… felicitaciones éste es un día grandioso…tumbar el rancho, pero no escuchaba nada más, simplemente no quería ser descortés. Estaba segura, sabía que era como en otras ocasiones, le prometían el cielo y ella accedía, le prometían ser feliz y ella accedía. Ahora sólo tenía ganas de que los extraños visitantes se fueran y analizar la situación tranquila.

Durante esa semana no le comentó a nadie sobre esa extraña visita que había recibido, por un lado no tenía a quién contarle, segundo, tenía la certeza de que la situación era totalmente loca y descabellada y además, en caso de ser cierto no quería problemas con los vecinos que mormuraban a sus espaldas, le echaban la culpa de la partida de Jairo, la tildaban de loca e incluso de ebria.

Finalmente, después de algunos días llamaron a la puerta, y se sobresaltó tanto que no podía creer lo mucho que había deseado esa visita a pesar de haberlo negado durante toda la semana. Le pidieron pagar un anticipo, entendió que la casa no era un regalo, pero era algo que podía pagar. Agradeció en el alma que Jairo no se hubiera llevado la plata.

Después de firmar el pacto de compromiso, Angie finalmente sintió que era cierto lo que le estaban proponiendo, le prometieron volver a la siguiente semana para darle más instrucciones. Se le empezó a revolver la cabeza, ya no hacía las cosas bien, no había podido vender las bolsas de basura que repartía en los almacenes del centro de Soacha, tampoco había venido nadie a comprar a la chatarrería. Estaba indefensa, y tenía vértigo de pensar siquiera que era otra de esas promesas que le hacían los políticos una vez cada tantos años. Se sentía estúpida.

Por fin llegó el día que le prometieron volver, ese día no tendría desayuno para los niños, pero ellos entenderían, el más emocionado en la casa era Felipe, se la pasaba diseñando su nueva habitación, se inventaba historias fantásticas sobre apartamentos modelo, fantasías, un sueño tener una piscina en casa, un sueño subir a un ascensor… un sueño tener una cama sólo para él.

Le habían pedido que limpiara el terreno, su terreno, el de siempre, eso significaba quedarse allí en Altos de Cazuca, plantarse aún más, pero desde otra perspectiva. No le pidió ayuda a nadie, realizó todo el trabajo con la poca fuerza que le quedaba después de no haber comido, orgullosa y agotada levanta cada uno de escombros de lo que antes fue su casa, los retira a un lado con odio y sonríe satisfecha, el sudor baja por su nuca y los ojos se le cierran cada tanto, pero allí está Angie quitando hasta la última piedra de su decepcionarte y cercano nuevo pasado.

Siete de la mañana del sábado, nueve voluntarios llegaron a su lote, la mayoría la abrazaron, los demás le dieron la mano, ella quiso mirarlos a los ojos buscando así fuera un poco lástima o hipocresía. Al parecer no encontró nada en aquellos ojos iguales a los suyos. Después de organizar las herramientas, los voluntarios empezaron a cavar el suelo.

Los veía trabajar, no dejaba de parecerle extraño, era como si todos quisieran ser sus amigos ¿pero y si no era así? verlos la deprimía aún más, sabía que tendría casa nueva en pocas horas, que Valery iba a poder caminar tranquila sobre un piso de madera, que Felipe estaría feliz de llegar todos los días después del colegio, pero también se sentía derrotada, ella debía ser una de esos que estaban allí ayudado. ¿Por qué Dios no le había dado las mismas oportunidades que a ellos? ¿Por qué la había embarazado tan joven? ¿Por qué le había quitado a su esposo y al resto de su familia? A cada pregunta sólo se le venía la idea de una sonrisa hipócrita, era una tristeza palpable en el aire. Pero se le revolvía el estómago porque como le dijo a uno de los voluntarios “nadie había hecho nada así por mí, nunca”.

Esa noche la casa aún no estaba terminada, pero ya tenía un suelo y algunas paredes formando la figura de lo que parecía era una casa del árbol o de muñecas. Llevó los niños donde su vecina y volvió al lote, allí en medio de la oscuridad miró las estrellas y lloró. Cada lágrima representaba un grito, un gracias, un hasta pronto, un disgusto, una alegría.

Tendría una casa, y las palabras le bailaban de un ojo a otro, una casa, tuya, de tus hijos, sentía como si el ruido fuera polvo, como si esa danza fuera el sabor amargo de la noche. Ya no sería tan pobre, pobre por odiar a los demás, no sería tan pobre, pobre de criar mal a sus hijos, pobre por esperar que Jairo volviera. Una pobreza de corazón tres cuartos que llevaba encima consumiéndola por dentro, justo esa mañana había descubierto que no era un fantasma y que debía volver a empezar.

Soñaba con un milagro, salir victoriosa de esta batalla, que su milagro sea que la vida, su vida, y de quienes estén allí para verla, se llene de sentido.

domingo, 28 de febrero de 2010



«”¿Me podría decir, por favor, en qué dirección tengo que ir desde aquí?”
“Eso depende mucho de adónde quieras llegar”, dijo el Gato
“No me importa mucho dónde” dijo Alicia.
“Entonces no importa mucho en qué dirección vayas”, dijo el Gato.
“Siempre que llegue a alguna parte“, agregó Alicia a modo de explicación.
“Oh, seguro lo harás”, dijo el Gato, “si tan sólo caminas lo suficiente”.» LC

A todos los que están a la espera como yo. Buenas Tardes.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Día del abrazo robado.





A todos los que robaron un abrazo hoy... Feliz Día
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miércoles, 10 de febrero de 2010

Casi sin problemas, urbanos nuevos.


Todo lo que una calle clase media pueda desear. Dos grandes Centro Comerciales de precios módicos, un hospital, un montón de comida rápida, un servicio intermitente de buses que van de cualquier lado a cualquier otro, un parquesito con columpios llenos de niños y algunos perros adorables para ser callejeros.

La calle se dibuja queriendo ser otra, las paredes se pintan con una constancia que raya en lo ridículo, la gente se sonríe, las tías compran pan en la tienda de la esquina mientras que un grupo de gente joven le pide unas cervezas a quién luego supe se llama Mary.

Abajo todo es tan complejo, tan lleno de comida, de olores. Un grupo de personas que evidentemente conocieron el siglo macabro se arrastran en sus bastones acompañados de dulces enfermeras que los reprimen con palabras tiernas.

Un poco más allá, el Transmilenio pasa deliciosamente desocupado cada mañana y tenebroso al final del día. La calle pintoresca, termina de adoquinar sus calles junto a una Estación de Servicio y teniéndolo todo cerca se olvida del resto y por eso todos se sonríen, porque a pesar del caos, la calle está limpia y siempre hay cerca un helado y flores en los jardines.

Cada ladrillo nuevo que ponen oculta algún viejo graffiti de otras épocas, todos saben el nombre del otro, es como la simulación de un pequeño pueblito con nuevos colores pero la misma historia de siempre. El señor que lleva 40 años vendiendo cuadros pintados sobre un espejo y que tratan de parecerse a un remoto paisaje austriaco, la señorita bonita que vende cafés y cada día decora su cafetería con la última moda en cafés bohemios, sillas negras y lámparas naranjas y algo de música de que la que a veces se escapa un reggaeton y ella corre rápido a pasarlo.

Por eso, en ocasiones, sólo se quiere escapar de allí, correr 6 pisos hacía arriba y ver que la montaña aún deja ver un maravilloso atardecer de color rosado. Pero parece que el atardecer el es lo único que está cerca. A pesar del tráfico, para salir de allí a cualquier lugar se pueden conocer de memoria casi 500 semáforos en rojo y un montón de calles y carreras que entrecruzadas se ponen de acuerdo para que todo sea más lejos de lo que ya es.

Por eso todos olvidan, como yo, que tras esas fachadas hay otras calles, escondidas, hay madres descalzas con niños sucios en los brazos, los indigentes que duermen bajo el puente y el par de zapatos colgando de algún cable de luz.

Con un poco de temor... esta es mi casa. Suena a ruido. Tanto Ruido, demaciado Ruido.

sábado, 9 de enero de 2010

Viento nublado y fugáz

Estoy sentada en el filo de un muro a cinco metros del suelo.
La ciudad despliega sus luces sobre mí, soy un espejismo de piedras de un viejo puerto.
Recuerdo con cariño la imagen amarilla y distante, ojalá y así el viento tal vez lleve mi sonrisa más allá y vuelo.
-Prométeme que volarás conmigo
Yo sólo lo pregunto.
-Ahora sí, y en sueños... tal véz
Yo sólo lo anhelo.

Everything pass in slow motion.

..hombrecito, rosa, zorro.