Espaverso, es un espacio sin tiempo...

Cuándo yo uso una
palabra..

[Con un tono más bien
desdeñoso]

..quiere decir lo que yo quiero
que
diga..., ni más ni menos.


Así todas son criaturas de formas
muy
curiosas.

Espaverso es un regalo de alguien.

Es una palabra robada, una lágrima fingida, unas ganas de reír. Un eterno raro.


miércoles, 16 de diciembre de 2009

Salpican las gotas


Justicia, qué es lo realmente justo. Quiero que no dejes un cuerpo triste mirando una mano inerte, tal vez hablándote en sueños, diciéndote cuánto te ama. Ese no es el final del cuento, de este. Mientras voces desinteresadas suenan tras la puerta, y tú con tus ojitos entreabiertos pero profundamente dormida bajo el efecto de una droga suicida.

No, este no es el final del cuento. No es el que quiero. Miles de canciones, tantos desaliñados comediantes, y yo aquí viendo; nuevamente sólo soy un espectador más que no puede intervenir en la obra para gritarle a Julieta que no tome el veneno. No, así no quiero ver.

Quiero ver que te ríes de mis niñerías y que cantas o bailas cumbias de colegio. No funciona pensar en dejarse llevar por la corriente, tan fuerte.

No entiendo qué se puede sentir, sólo con sus lágrimas calientes brotando de unos ojos claros bastante oscuros, la hacen parecer una niña indefensa; pero no es así mientras fuma un cigarrillo tal vez piensa en lo terriblemente triste que es esto, en lo absurdamente injusto. Tal vez en mi indiferencia errante distante palpable, escondida tras las letras, tal vez su dolor me desgarra más que cualquier cosa, pero sólo puedo fruncir el seño. Ni un lágrima.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Amor filoso


Con la mirada plana la nenita pelirroja dejó de bailar... tenía los dientes blancos y un vestidito que poco o nada significaba algo. Justo en frente vio lo que vio, lo vio tanto que logró mirarlo, casi observarlo. Lo observó pasar la calle. El susto le hacía temblar las piernas. Se alejaba, pasaba la calle, observó como el semáforo cambiaba a verde. Titubeó...se acercó a la esquina. ¿A dónde la llevaría? Rojo! Cruza corriendo y no puede parar. Corre corre! Allí está. La camiseta estampada con un mensaje grosero se metió a la tienda. "Corre corre" pensó. Caminó cerca de él, simulaba que inspeccionaba algún producto ridículo. Él inmutable. "NOOOOO" gritos de su alma, la cual se alojó en un bolsillo del vestido aterrada. "Me acercaré y lo abofetearé, le dolerá tanto, le lastimaré, le dejaré ardiendo, le dolerá como a mí, le asfixiará como a mí, le punzará justo como a mi".
Tres horas más tarde en casa tomaba un jugo, su pelo rojo se le escurría por la frente pecosa. La hermana la miraba del otro lado de la cocina, "por favor, sólo pregúntame, sólo pregúntame pero hazlo ya"... "¿Y entonces lo hiciste?" "por fin lo preguntó" pensó. Dentro se le revolvía todo.

Tres horas antes, el puñal en el bolsillo bailaba entre dedos temblorosos y se asfixiaba. Dos horas antes un joven caía muerto en un callejón. Una hora antes, un joven salía de la tienda, una chica pálida lo seguía. Ella corrió corrió, tomó un bus y llegó a casa, se tomó un jugo. La camiseta estampada de blasfemias se subió al tren y tomó una cerveza.

"¿Por qué no lo hiciste?"

"Porque el puñal se enamoró de otro, y me abandonó"

"Mejor así"

"Claro".

sábado, 28 de noviembre de 2009

Happy up here

Me ví a mi misma corriendo bajo la lluvía.
Apesar de todo sonreía.
Me ví saltando charcos de colores grasientos, grasosos, graciosos. Gracias.
Tengo un vestido que me llena de baile.
Tengo un suspiro que me invade y me arde.

Space Invaders sobre mi cabeza, pregunto si alguien puede entender de qué diablos hablo. Sólo una voz contesta, tan tosca sólo menciona unas vagas y negras intenciones.

Sonrojada, la montaña cubierta de nieve ve deslizarse un marinero sobre unos skies de menta súper fuerte. Solsticio... equinox.

Fantastisisk!

miércoles, 11 de noviembre de 2009

De otros urbanos. En el 307


¿A qué le tienes miedo? La mirada de la pequeña se mostraba más intrigante que temerosa, se pasaba la lengua húmeda de caramelo por los labios resecos. Mientras los muchachos se subían al bus y pagaban con monedas de chocolate.

El anciano miraba la hora, cómo si fuera la última. Arreglaba una elegante corbata que poco o nada encajaban con el asiento en el cual estaba sentado.

Un bebé cargaba otro bebé bajo el chaleco, mientras se abría paso entre la gente.

Yo sentía el sol en el rostro, siempre tan caliente... pero era sólo el derivado de una mezcla entre atmósfera y un vidrio sucio.

Unos ojos jugaban juguetones. Así ella jugaba con una araña que desprolija se lanzaba al vacío entre sus dedos. Suicida... la dejaban irse... por siempre.

Penúltima parada. Cerca al hospital, un grupo de personas, que obviamente conocieron el dolor de fin de siglo, que se golpearon y bailaron con el progreso desprogresado y que todavía no saben por qué viven, se bajan.

Quedo sola con el sol y un aire que huele jengibre.

Voy tarde. Pensé.

martes, 10 de noviembre de 2009

Ciclo idiomático..


Hoy escribo desde un remoto 25 de octubre. Escribo y me utilizo como pensadero andante.. hiriente. Hoy termina un ciclo que empezó con el primer derrocamiento de mi intelecto, así que aspiro y respiro sobre un resultado final. Tres meses han pasado desde que me ha tocado mirarme en el espejo y estrellarme frente a él; es un sentimiento dolorosamente alagador que me trae hasta el más cercano resultado peligroso. Sí, yo soy mi resultado.

Cubierta de miedo, me visto con mi traje feliz y sonrío al mundo. Los edificios pasan a mi lado y yo escondida en un vagón movible en movimiento, con la piel sucia y agradeciendo.

Un gripa ancestral se posa sobre mi cuerpo, dormitar. Porque a cada paso que doy deseo dormitar y soñar en un lugar, por un lugar. Es tan sólo dejarse engañar en un puesto de primera fila. Espectador espectante. Allí la película transcurre como quiero que transcurra. Tantos estúpidos personajes. Malos guiones y pésima banda sonora, cuál piano desafinado tocado por manos inexpertas... las mías... Es la historia de cómo mi ciclo ha terminado y cómo sobre los rieles del tren viajan miles de relatos.

Yo soy mi relato, uno cambiante en cada tanto, un desgarre de violín y al parecer un sonido mudo de un bandoneón distante.

lunes, 9 de noviembre de 2009

El primero de muchos

Delgado, no tan alto, camina despacio poco sonríe; vive en metáforas un poco ardientes, un poco vagas y sin sentido. No respira aire, inhala notas de un rock pesado poco entendible, no exhala CO2 mas bien libera letras tipo scrabble con dejo a cigarrillo, que cuando se ordenan crean el nombre de ella.


Ella, ella, ella con su vestido blanco, hondea el viento, ese que le susurra canciones victorianas. Las hojas bailan y ella cierra los ojos verdes magentas, esos ojos que sólo pueden ver tres sordos del oído quinto en un planeta lejano.


Él no tiene nombre, su apellido lo aborrece, camina despacio poco sonríe y su chaqueta mojada por la lluvia le pesa, no por su agua contenida, sí por lo fea y triste que luce cuando la mímica y vengativa luna la deslumbra.


Ella danza con las hadas que salen se su boca, vuelan sin alas y se balancean entre los pentagramas de las notas de un coro de grillos, amantes, feos, marfiles.

El viento le susurra canciones victorianas y cada compás lleva el ritmo de su cabello rojo escarlata, que es más que un rojo escarlata.


Él, bien parecido, vive errante y se alimenta de las miradas de ellas, vitaminas repudiadas, prefiere morirse de hambre. Se pone su gorra roja bermellón, que no es más que una gorra roja bermellón. Camina despacio poco sonríe; ama con lagrimas agrias, rechazo, nube, polvo. Ama a aquella doncella que baila con hadas y con ese duende abominable, asqueroso y lamentablemente apuesto, ese que la abraza y ya no hay remedio.


Frió asfalto sostiene sus pies cansados, caballero ambulante bajo lluvia gris, ojos empañados, botella, elefantes rosados. Esa agua que cae le apaga el cigarrillo y sus zapatos cafés se hunden en un mar de aguas sucias. Inteligente, dicen muchos del mente rara este.


Saca la libreta, la lluvia la mancha, manchas en hojas tal cómo su vida. Y aunque sucia, no importa; sólo lo escribe y luego se despide; deja su gorra roja bermellón, que no es más que una gorra roja bermellón, deja su gorra y su libreta bajo el árbol y el puente le tantea, prueba la vida. Elefantes rosados. No sabe, no quiere, ama. Poco sonríe. Cae.

viernes, 9 de octubre de 2009

Apuntes sobre un documental aparente...


Imágenes a blanco y negro que remontan a una idea de un pasado no muy cercano, pero tampoco muy lejano, situado en un desenfrenado final del Siglo XX, se contrarrestan con imágenes a color aparentemente más legítimas, y sobre todo más actuales. “La Era del Ñandú” es un trabajo audiovisual tipo documental de una situación peculiar acontecida en la ciudad de Buenos Aires en la década de los 60. La pregunta es ¿qué tan cierta puede ser?

Primero, me sitúo cómo una visitante más que aún no ha entendido muy bien de que se trata el mundo argentino, el cual a pesar de ser un vecino de Colombia, siempre se mostró más lejano y distante que incluso España por no decir Europa. La primera idea que se atraviesa por mi cabeza en el momento en que veo la Era del Ñandú es de una extraña confiabilidad histórica, datos y fechas que legitiman un discurso, los nombres de intelectuales y científicos que respaldan la historia. El hecho de ver que una situación aparentemente falsa pueda transformarse en aparentemente verdadera por el solo uso de combinar lo ‘narrado’, en un excelente balance lo que para nuestra sociedad es legítimamente cierto, con lo académico.

Por esto les digo, yo creí cada palabra de los primeros 15 minutos en que transcurría la trama. Soy una colombiana que fue educada en medio del realismo mágico de García Marques, que vio con sus ojos cómo todas las historias en apariencia fantásticas pasaban en su vida cotidiana, así que cómo no podría creer la actitud de una población (para mí desconocida) en los años (para mi desconocidos) sesenta.

Es por esto que debo decir que esta obra es bastante cierta. Acaso alguien puede negarme la idea de progreso moderna que se veía desmembrase con el paso del siglo XX. Nadie puede negarme ese desencanto en que vivían las ciudades, las constantes preguntas sobre lo que vendrá, o lo que debía pasar según lo prometido o lo no cumplido. La gente, tanto en Bogotá como en Buenos Aires, se moría de miedo. Un miedo difícil de explicar, móvil, identificable. Miedo a ansiar demasiado y no conseguirlo.

El temor a la continua pérdida de seguridad, lo frágil de mantenerse (vivo) en la sociedad. Me pregunto qué pasa por la mente de las personas que hacen un proyecto tan apócrifo como la Era del Ñandú, se preguntaban acaso cuáles eran los miedos de la sociedad argentina, o cuáles son.

¿Miedo a quedarse sin progreso? Tal vez por eso desarrollan una trama en torno a las maravillas de la ciencia que les permite ser parte de la evolución y no quedarse atrás en la carrera por el desarrollo capitalista. Allí un medicamento milagroso que se extrae de algún tipo de glándula del ñandú: la BIO K-2, aparece casi como un personaje misterioso que permitirá potenciar o perdurar la vida. Para qué se quiere seguir viviendo, no lo digo de una forma pesimista, sólo lo expongo intentando desglosar el tipo de sociedad expuesta por Sorin y su equipo en este proyecto.

Entonces es miedo a morir, o a estar bien o bienestar. Las sociedades de fin de siglo querían asegurar la poca esperanza que les quedaba, las nuevas democracias, el mercado, los Beatles. Aparentemente las cosas podrían cambiar, y supongo que todos querían vivir… para vivirlo. O eso es lo que muestran los medios de comunicación: “todos tranquilos… ¿qué les parece encontrar la solución a todos los problemas?”

Quisiera resaltar a estos últimos como “personajes” indispensables de la historia. Finalmente, son los medios quienes legitiman la historia, el constante debate sobre lo que no aparece en los medios no existe, el cuarto poder etc. En La era del ñandú, es posible observar todas estás dinámicas adjudicadas a los medios: Ellos proporcionan los contenidos con el fin de informar, entretener, educar, pero sobre todo construyen sentido usando el debate de ideas. En el film los medios son quienes tienen la responsabilidad de responder por los actos de otros (En el caso de la película el misterioso Doctor Kurts inventor del BIO-K2) son quienes se encargan de controlar la información… o el rumor.

Agradezco la forma en que produjeron el dilema de la constante transformación social en torno a problemáticas planteados o potenciadas por los medios de comunicación. La forma en que exponen las diferentes causas o consecuencias sobre como un elemento puede atravesar todas las capas de una sociedad, desde lo político, lo económico, lo educativo, lo cultural, lo religioso. Es interesante analizar qué pasa en una comunidad cuándo es afectada por equis discurso, como logran mitificar y endiosar algo que les es completamente ajeno y extraño: El Doctor Kurts, la Bio- K2, el misterioso centro de investigaciones, inclusive el ñandú.

Vuelvo de nuevo entonces a lo que planteaba inicialmente sobre los temores humanos de la ‘posmodernidad’ por decirlo de alguna forma, y concluyo pensando que tal vez cómo espectadora me sentí un poco confundida y tal vez engañada al principio, pero que es La era del ñandú sino una historia completamente cierta en un caso tan patéticamente creíble.

Finaliza agradeciendo el buen humor… después de todo el humor es el mejor reflejo de todos, no? Los 60 no sólo fueron la época de los Beatles, fueron La era del Ñandú.