Espaverso, es un espacio sin tiempo...

Cuándo yo uso una
palabra..

[Con un tono más bien
desdeñoso]

..quiere decir lo que yo quiero
que
diga..., ni más ni menos.


Así todas son criaturas de formas
muy
curiosas.

Espaverso es un regalo de alguien.

Es una palabra robada, una lágrima fingida, unas ganas de reír. Un eterno raro.


jueves, 19 de agosto de 2010

Avisos debajo de la piel





La señorita llegó a su casa, tenía la bolsa llena, la fue desocupando sobre la mesa. Primero el libro con ilustraciones jamás creídas, luego el de Derecho Constitucional que le pidió su abuelo, también estaba el libro de jardinería para la tía Marta y finalmente la novela romántica de Jane Austen para el cumpleaños de su mamá. Pero algo no encajaba en su lista de compras, en el fondo de la bolsa había un pequeño libro de bolsillo que no esperaba encontrar allí, con la cara poco simétrica de Cortázar.

Lo sacó con cuidado, y le quitó el envoltorio de plástico. Cuándo lo abrió una pequeña hoja cayó al suelo, al desdoblarla decía lo siguiente: “Esas son las comunicaciones verdaderas, los avisos debajo de la piel. Y para eso no hay diccionario”*. Se quedó pensativa un rato, no entendía cómo había llegado el libro a su bolsa, ni cómo de un libro nuevo saldría una nota (escrita al parecer con prisa, además olía a té verde y al tacto se sentía como un París en día de lluvia). Entonces volvió al libro buscando una pista: Página 1 “A su manera este libro es muchos libros” leyó y cometió un gran error, Rayuela la atrapó, la jaló al interior de un mundo de sentimientos atrofiados, distantes, amables y divertidos, con cambios de ritmo en juegos malvados de tiempos verbales. Y allí (leyendo) reconoció al autor de la nota misteriosa, un hombre que vivía en las letras: era el protagonista, Oliveira. Un personaje en el que confluía todo el conocimiento cultural, musical e histórico del autor, que un día percibió la necesidad de hacerlo trascender y por tanto, se dedicó a buscar la forma de pasar el mensaje a otra dimensión, con la intensión de compartir aquellos “avisos debajo de la piel”.

La señorita decidió pasar página por página para esclarecer las razones de esta nota y en esa búsqueda se topó con el misterio de la Maga y con el jazz de media noche narrados en Rayuela. Cortázar la llevó a volar un rato entre las líneas de aquella historia contada con muchas comas y pocos puntos aparte. Así la señorita se sintió dentro del relato, se sintió con el poder suficiente para decidir cómo quería leerlo o entenderlo y después de terminar tomó nuevamente la nota que le dejó Oliveira y volvió a la Feria del Libro, casi corriendo, con ganas de terminar lo empezado.

Encontró Papeles inesperados, publicado 25 años después de la muerte del autor por Editorial Alfaguara, una recopilación de textos inéditos, géneros de todo tipo, principios de algunos cuentos, finales de otros, historias, cronopios, crónicas, notas, famas. Pensó en llevárselo a su casa, recordó que “para las comunicaciones verdaderas… no hay diccionario” y que podía darse al reencuentro con este autor, aun si acababa de conocerlo y quiso experimentar, buscó Obras completas y se quedó atascada en una autopista del sur mientras leía una carta a una señorita en París, aprendió cómo darle cuerda a un reloj, conoció a Un tal Lucas, pintó Graffitis que sólo ella entendía, y sin darse cuenta se fue mezclando con este autor que le enseñó a no aceptar las cosas tal como son dadas.

Primero pensó que el hecho de que libro estuviera de manera fortuita en su bolsa de compras había sido un regalo mágico de esos que a veces pasan, pero luego se dio cuenta que fue ella la que se regaló a la obra corteziana, que esa nota que apareció por ahí era un llamado a llenarse de relatos, de comunicaciones verdaderas, de avisos debajo de la piel. Y comprendió que para eso no hay diccionario.


*Cortázar, Julio. “Capítulo 28”. Rayuela. 1963

viernes, 6 de agosto de 2010

Cosas de inmortales


Es muy intrigante cómo la Industria Cultural funciona de maravilla, incluso da un poco de miedo. No fue hace poco que todo aquel que se ponía un gabán negro, llevaba unos ojos pintados acompañados de una actitud silenciosa y muy seguramente un libro de leyendas vampíricas era visto con la mirada inquisidora de una madre de familia temerosa y discriminatoria.

Tal vez, esa madre nunca se imaginó que sus hijos comprarían en masa las historias de los famosos bebedores de sangre (colmillos, sangre, “Ave María purísima”) además de que se harían a sí mismos copias graciosas y siniestras de esos seres de la noche, que reproducidos, plagiados, repetidos, reiterados, inundan no sólo las pantallas de los grandes cines sino también las páginas de los libros.

Distintos a los personajes de culto que en su tiempo fueron Drácula de Bram Stoker o Lestat de Anne Riece, estos nuevos vampiros -de mirada sexy, que van al colegio y muy seguramente tienen Facebook y chatean por medio de su Blackberry mientras el sol vuelve a ocultarse- con su sonrisa encantadora conquistaron el corazón de miles de niñas y de unos cuantos empresarios fabricantes de Best Sellers y de películas súper taquilleras. Sin embargo, estos son los vampiros hechos a imagen y semejanza de Gossip Girl y High School Musical, y por tanto se evaporarán tan pronto como aparezcan otros seres más cool.

Es por eso que ver The Midnight Guardian (La guardia de medianoche) en la Feria del Libro produce esa comezón extraña de ver la repetición en lo redundante y el cliché. En esta ocasión, dos grandes se enfrentan: los Nazis en busca de la purificación de la raza y los vampiros que lucharán para que la guerra se acabe y evitar que se agote su fuente de alimento: los humanos. Este es un relato en el que la autora, Sara J. Stratford, promete una historia oscura con ausencia de blancos, incluso de grises.

Stratford visitará el país y en medio del Encuentro Internacional de Escritores organizado en el marco de la Feria, contará porque la política, la guerra y la Europa de la época pueden hacer que estos personajes trasciendan de un simple mercado de hormonas juveniles, para ser los villanos con clase que muchos admiran, esperemos que así sea.

En este encuentro no sólo escucharemos el relato de esta escritora estadounidense, también podremos escuchar a la reconocida francesa Catherine Millet que revolcó la literatura erótica del Siglo XXI. Autoras que nos mostrarán la mezcla entre la fantasía de un cuerpo inmortal, de un alma eterna y las ganas de rechazar la insignificancia de la vida humana, pero con la picardía de los places de un cuerpo mundano y mortal.

La Industria Cultural tiene absolutamente claro qué es lo que vende, la doble moral de lo bueno y lo santo, las acciones despiadadas de los vampiros y el ego afrodisíaco de La vida sexual de Catherine Millet. Este año comprobaremos qué es lo que nos ponen y ponemos de moda en cada una de nuestras bibliotecas, pero la reflexión sigue ahí. Aquello que se admira mucho luego se vende.

Por ahora, que las letras nos permitan viajar a esos mundos sombríos de quienes se alimentan de sangre o de placer, ya decidiremos nosotros mismos después de ojearlos si vale la pena amarlos u odiarlos.
Después de todo, nuestra vida se encuentra inmersa en clichés codificados, copiados y universalizados que seguimos solicitando. Lo importante es seguir la invitación de Millet de ser sinceros con nosotros mismos y de reconocer que el placer es efímero y que el cuerpo es superior, no importa qué tan mortales seamos.

Teclear desde la periferia


Son las tres de la tarde y está lloviendo, tengo un café amargo y estoy sentada en la comodidad de un sofá viejo. Tengo todo lo necesario para tener un buen libro en la mano, pasar cada página, sentir los olores viejos, encontrar papelitos escuálidos que recuerdan lecturas pasadas. Sin embargo, llevo en las piernas un portátil ya pasadito de moda y estoy deleitándome con un post de una bloggera cubana, en él relata cómo se hace una delicada trenza mientras ve, en unos de los espacios más oficialistas de la TV cubana,como es calificada de “ciberterrorista” por propagar la “guerra mediática” y muchas otrasmezclas de palabras entre periodismo, computadores y guerra.

Yoani Sanchez sabía que ser mencionado negativamente en dichos programas era la confirmación de la muerte pública. Pensativa, se quedó en casa preguntándose cuánto tiempo tardarían en venir esos hombres que esculcan entre los cojines de la sala, y en que todos los vecinos de la cuadra dejaran de hablarle. Pero nada pasó, todos más interesados en la compra del arroz se perdieron aquella transmisión, y aunque la hubieran visto tampoco se habrían alejado de ella.

Desde abril de 2007, Yoani se embarcó en la idea de hacer un blog titulado “Generación Y” desde el cual se dedica a relatar y opinar sobre todo lo que su vida civil no le permite. A pesar de estar censurado en su país, es el blog cubano con más seguidores, y para muchos, la muestra de la lucha por la libertad de expresión.

Ella está tranquila porque sabe que fuera de Cuba ella "es". Trasciende por medio de las palabras ya no en tinta y papel sino en símbolos y claves bañadas de hipervículos.

No veo la Web como un asesino de los libros, sino como otra alternativa, algo que le permitió a Yoani salir del anonimato, tal vez de forma restringida e incoherente...ser libre. Y es el hecho de que nosotros la leamos lo que la hace libre.

Muy posiblemente encontremos el libro de Yoani “Cuba Libre” en alguna librería cercana. Será una buena excusa para pasar de la nueva cotidianidad del teclado al susurro de las hojas.