Con la mirada plana la nenita pelirroja dejó de bailar... tenía los dientes blancos y un vestidito que poco o nada significaba algo. Justo en frente vio lo que vio, lo vio tanto que logró mirarlo, casi observarlo. Lo observó pasar la calle. El susto le hacía temblar las piernas. Se alejaba, pasaba la calle, observó como el semáforo cambiaba a verde. Titubeó...se acercó a la esquina. ¿A dónde la llevaría? Rojo! Cruza corriendo y no puede parar. Corre corre! Allí está. La camiseta estampada con un mensaje grosero se metió a la tienda. "Corre corre" pensó. Caminó cerca de él, simulaba que inspeccionaba algún producto ridículo. Él inmutable. "NOOOOO" gritos de su alma, la cual se alojó en un bolsillo del vestido aterrada. "Me acercaré y lo abofetearé, le dolerá tanto, le lastimaré, le dejaré ardiendo, le dolerá como a mí, le asfixiará como a mí, le punzará justo como a mi".
Tres horas más tarde en casa tomaba un jugo, su pelo rojo se le escurría por la frente pecosa. La hermana la miraba del otro lado de la cocina, "por favor, sólo pregúntame, sólo pregúntame pero hazlo ya"... "¿Y entonces lo hiciste?" "por fin lo preguntó" pensó. Dentro se le revolvía todo.
Tres horas antes, el puñal en el bolsillo bailaba entre dedos temblorosos y se asfixiaba. Dos horas antes un joven caía muerto en un callejón. Una hora antes, un joven salía de la tienda, una chica pálida lo seguía. Ella corrió corrió, tomó un bus y llegó a casa, se tomó un jugo. La camiseta estampada de blasfemias se subió al tren y tomó una cerveza.
"¿Por qué no lo hiciste?"
"Porque el puñal se enamoró de otro, y me abandonó"
"Mejor así"
"Claro".
Espaverso, es un espacio sin tiempo...
Cuándo yo uso una
palabra..[Con un tono más bien
desdeñoso]..quiere decir lo que yo quiero
que
diga..., ni más ni menos.
Así todas son criaturas de formas
muy
curiosas.Espaverso es un regalo de alguien.
Es una palabra robada, una lágrima fingida, unas ganas de reír. Un eterno raro.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Amor filoso
sábado, 28 de noviembre de 2009
Happy up here
Apesar de todo sonreía.
Me ví saltando charcos de colores grasientos, grasosos, graciosos. Gracias.
Tengo un vestido que me llena de baile.
Tengo un suspiro que me invade y me arde.
Space Invaders sobre mi cabeza, pregunto si alguien puede entender de qué diablos hablo. Sólo una voz contesta, tan tosca sólo menciona unas vagas y negras intenciones.
Sonrojada, la montaña cubierta de nieve ve deslizarse un marinero sobre unos skies de menta súper fuerte. Solsticio... equinox.
Fantastisisk!
miércoles, 11 de noviembre de 2009
De otros urbanos. En el 307
¿A qué le tienes miedo? La mirada de la pequeña se mostraba más intrigante que temerosa, se pasaba la lengua húmeda de caramelo por los labios resecos. Mientras los muchachos se subían al bus y pagaban con monedas de chocolate.
El anciano miraba la hora, cómo si fuera la última. Arreglaba una elegante corbata que poco o nada encajaban con el asiento en el cual estaba sentado.
Un bebé cargaba otro bebé bajo el chaleco, mientras se abría paso entre la gente.
Yo sentía el sol en el rostro, siempre tan caliente... pero era sólo el derivado de una mezcla entre atmósfera y un vidrio sucio.
Unos ojos jugaban juguetones. Así ella jugaba con una araña que desprolija se lanzaba al vacío entre sus dedos. Suicida... la dejaban irse... por siempre.
Penúltima parada. Cerca al hospital, un grupo de personas, que obviamente conocieron el dolor de fin de siglo, que se golpearon y bailaron con el progreso desprogresado y que todavía no saben por qué viven, se bajan.
Quedo sola con el sol y un aire que huele jengibre.
Voy tarde. Pensé.
martes, 10 de noviembre de 2009
Ciclo idiomático..
Hoy escribo desde un remoto 25 de octubre. Escribo y me utilizo como pensadero andante.. hiriente. Hoy termina un ciclo que empezó con el primer derrocamiento de mi intelecto, así que aspiro y respiro sobre un resultado final. Tres meses han pasado desde que me ha tocado mirarme en el espejo y estrellarme frente a él; es un sentimiento dolorosamente alagador que me trae hasta el más cercano resultado peligroso. Sí, yo soy mi resultado.
Cubierta de miedo, me visto con mi traje feliz y sonrío al mundo. Los edificios pasan a mi lado y yo escondida en un vagón movible en movimiento, con la piel sucia y agradeciendo.
Un gripa ancestral se posa sobre mi cuerpo, dormitar. Porque a cada paso que doy deseo dormitar y soñar en un lugar, por un lugar. Es tan sólo dejarse engañar en un puesto de primera fila. Espectador espectante. Allí la película transcurre como quiero que transcurra. Tantos estúpidos personajes. Malos guiones y pésima banda sonora, cuál piano desafinado tocado por manos inexpertas... las mías... Es la historia de cómo mi ciclo ha terminado y cómo sobre los rieles del tren viajan miles de relatos.
Yo soy mi relato, uno cambiante en cada tanto, un desgarre de violín y al parecer un sonido mudo de un bandoneón distante.
lunes, 9 de noviembre de 2009
El primero de muchos
Ella, ella, ella con su vestido blanco, hondea el viento, ese que le susurra canciones victorianas. Las hojas bailan y ella cierra los ojos verdes magentas, esos ojos que sólo pueden ver tres sordos del oído quinto en un planeta lejano.
Él no tiene nombre, su apellido lo aborrece, camina despacio poco sonríe y su chaqueta mojada por la lluvia le pesa, no por su agua contenida, sí por lo fea y triste que luce cuando la mímica y vengativa luna la deslumbra.
Ella danza con las hadas que salen se su boca, vuelan sin alas y se balancean entre los pentagramas de las notas de un coro de grillos, amantes, feos, marfiles.
El viento le susurra canciones victorianas y cada compás lleva el ritmo de su cabello rojo escarlata, que es más que un rojo escarlata.
Él, bien parecido, vive errante y se alimenta de las miradas de ellas, vitaminas repudiadas, prefiere morirse de hambre. Se pone su gorra roja bermellón, que no es más que una gorra roja bermellón. Camina despacio poco sonríe; ama con lagrimas agrias, rechazo, nube, polvo. Ama a aquella doncella que baila con hadas y con ese duende abominable, asqueroso y lamentablemente apuesto, ese que la abraza y ya no hay remedio.
Frió asfalto sostiene sus pies cansados, caballero ambulante bajo lluvia gris, ojos empañados, botella, elefantes rosados. Esa agua que cae le apaga el cigarrillo y sus zapatos cafés se hunden en un mar de aguas sucias. Inteligente, dicen muchos del mente rara este.
Saca la libreta, la lluvia la mancha, manchas en hojas tal cómo su vida. Y aunque sucia, no importa; sólo lo escribe y luego se despide; deja su gorra roja bermellón, que no es más que una gorra roja bermellón, deja su gorra y su libreta bajo el árbol y el puente le tantea, prueba la vida. Elefantes rosados. No sabe, no quiere, ama. Poco sonríe. Cae.