Espaverso, es un espacio sin tiempo...

Cuándo yo uso una
palabra..

[Con un tono más bien
desdeñoso]

..quiere decir lo que yo quiero
que
diga..., ni más ni menos.


Así todas son criaturas de formas
muy
curiosas.

Espaverso es un regalo de alguien.

Es una palabra robada, una lágrima fingida, unas ganas de reír. Un eterno raro.


lunes, 9 de noviembre de 2009

El primero de muchos

Delgado, no tan alto, camina despacio poco sonríe; vive en metáforas un poco ardientes, un poco vagas y sin sentido. No respira aire, inhala notas de un rock pesado poco entendible, no exhala CO2 mas bien libera letras tipo scrabble con dejo a cigarrillo, que cuando se ordenan crean el nombre de ella.


Ella, ella, ella con su vestido blanco, hondea el viento, ese que le susurra canciones victorianas. Las hojas bailan y ella cierra los ojos verdes magentas, esos ojos que sólo pueden ver tres sordos del oído quinto en un planeta lejano.


Él no tiene nombre, su apellido lo aborrece, camina despacio poco sonríe y su chaqueta mojada por la lluvia le pesa, no por su agua contenida, sí por lo fea y triste que luce cuando la mímica y vengativa luna la deslumbra.


Ella danza con las hadas que salen se su boca, vuelan sin alas y se balancean entre los pentagramas de las notas de un coro de grillos, amantes, feos, marfiles.

El viento le susurra canciones victorianas y cada compás lleva el ritmo de su cabello rojo escarlata, que es más que un rojo escarlata.


Él, bien parecido, vive errante y se alimenta de las miradas de ellas, vitaminas repudiadas, prefiere morirse de hambre. Se pone su gorra roja bermellón, que no es más que una gorra roja bermellón. Camina despacio poco sonríe; ama con lagrimas agrias, rechazo, nube, polvo. Ama a aquella doncella que baila con hadas y con ese duende abominable, asqueroso y lamentablemente apuesto, ese que la abraza y ya no hay remedio.


Frió asfalto sostiene sus pies cansados, caballero ambulante bajo lluvia gris, ojos empañados, botella, elefantes rosados. Esa agua que cae le apaga el cigarrillo y sus zapatos cafés se hunden en un mar de aguas sucias. Inteligente, dicen muchos del mente rara este.


Saca la libreta, la lluvia la mancha, manchas en hojas tal cómo su vida. Y aunque sucia, no importa; sólo lo escribe y luego se despide; deja su gorra roja bermellón, que no es más que una gorra roja bermellón, deja su gorra y su libreta bajo el árbol y el puente le tantea, prueba la vida. Elefantes rosados. No sabe, no quiere, ama. Poco sonríe. Cae.