Todo lo que una calle clase media pueda desear. Dos grandes Centro Comerciales de precios módicos, un hospital, un montón de comida rápida, un servicio intermitente de buses que van de cualquier lado a cualquier otro, un parquesito con columpios llenos de niños y algunos perros adorables para ser callejeros.
La calle se dibuja queriendo ser otra, las paredes se pintan con una constancia que raya en lo ridículo, la gente se sonríe, las tías compran pan en la tienda de la esquina mientras que un grupo de gente joven le pide unas cervezas a quién luego supe se llama Mary.
Abajo todo es tan complejo, tan lleno de comida, de olores. Un grupo de personas que evidentemente conocieron el siglo macabro se arrastran en sus bastones acompañados de dulces enfermeras que los reprimen con palabras tiernas.
Un poco más allá, el Transmilenio pasa deliciosamente desocupado cada mañana y tenebroso al final del día. La calle pintoresca, termina de adoquinar sus calles junto a una Estación de Servicio y teniéndolo todo cerca se olvida del resto y por eso todos se sonríen, porque a pesar del caos, la calle está limpia y siempre hay cerca un helado y flores en los jardines.
Cada ladrillo nuevo que ponen oculta algún viejo graffiti de otras épocas, todos saben el nombre del otro, es como la simulación de un pequeño pueblito con nuevos colores pero la misma historia de siempre. El señor que lleva 40 años vendiendo cuadros pintados sobre un espejo y que tratan de parecerse a un remoto paisaje austriaco, la señorita bonita que vende cafés y cada día decora su cafetería con la última moda en cafés bohemios, sillas negras y lámparas naranjas y algo de música de que la que a veces se escapa un reggaeton y ella corre rápido a pasarlo.
Por eso, en ocasiones, sólo se quiere escapar de allí, correr 6 pisos hacía arriba y ver que la montaña aún deja ver un maravilloso atardecer de color rosado. Pero parece que el atardecer el es lo único que está cerca. A pesar del tráfico, para salir de allí a cualquier lugar se pueden conocer de memoria casi 500 semáforos en rojo y un montón de calles y carreras que entrecruzadas se ponen de acuerdo para que todo sea más lejos de lo que ya es.
Por eso todos olvidan, como yo, que tras esas fachadas hay otras calles, escondidas, hay madres descalzas con niños sucios en los brazos, los indigentes que duermen bajo el puente y el par de zapatos colgando de algún cable de luz.
Con un poco de temor... esta es mi casa. Suena a ruido. Tanto Ruido, demaciado Ruido.
Espaverso, es un espacio sin tiempo...
Cuándo yo uso una
palabra..[Con un tono más bien
desdeñoso]..quiere decir lo que yo quiero
que
diga..., ni más ni menos.
Así todas son criaturas de formas
muy
curiosas.Espaverso es un regalo de alguien.
Es una palabra robada, una lágrima fingida, unas ganas de reír. Un eterno raro.