
Cuándo el murmullo de la viejas vestidas de negro suena monótono, se aleja y se acerca a que olvidó debido al tiempo. Se le pasa por la cabeza pensar que la habitación ya está empolvada o que la canción ya no suena bien en el CD, que no se sabe si lo rayó el gato o la espera.
Pero se equivoca. Sin pensarlo más, se quita los zapatos sucios de tierra negra y camina en medias por el espacio. Todo está claro y nítido, muy a su pesar hubiera deseado que el polvo arruinara la vista de las cosas, que se interpusiera como una cortina que confunde las distancias. Pero no, el cuarto está inmaculado. El reloj con la imagen de un MikeyMouse barato está inservible y decolorido por la luz, y las paredes blancas, limpias, y aburridas, sin nada que las tape, nunca le dejaron taparlas para hacerlas más bellas, menos aburridas. Sólo una pequeña repisa que sostiene un carrito de carreras. Al fondo su escritorio, muy pequeño como para usarlo de nuevo.
-¿Hace cuánto que no vienes?- se cuestiona en silencio observando las cosas.
-Pensé que habías muerto- Vuelve a hablar solo. Se lleva la mano a la cara y se pasa los dedos por los ojos, impidiendo que una lágrima salga.
No había pasado mucho cuando decidió dejarlo todo atrás, gritarle en la cara que estaba libre. Ya no lo iban a comparar más con Eduardo. Él ya era un niño grande, tenía sus propias cosas (casi las mismas que Eduardo) la beca, el carro, la deuda, el mercado. Pero en todo eso, -¿ Sólo por eso lo hiciste?- se cuestiona.
Hay una pequeña carpeta sobre el escritorio. Todo sigue limpio. -Todavía sigues limpiando mis cosas- Se sonríe pensando en TíaTeresa. -Cuánto quisiera un café hecho por ti ahora- sigue pensando en TiaTeresa. En la carpeta se acumulaban los montones de dibujos que había hecho cuando era pequeño. -¿Esto fue lo que viste por última vez?-Pensar en Teresa lo hacía sentir más vació y limpio que su propio cuarto.
Tomó uno de los dibujos. -Me fuí y ella creyó que yo la odiaba- Piensa en TiaTeresa con el dibujo en la mano. Una mujer desnuda, un poco desproporcionada pintada con crayolas verdes, un niño desnudo que parece más un garabato está sentado sobre la mujer. El dibujo había sido rasgado con ira, pero reconstruido. Las cintas ya estaban amarillentas por el paso del tiempo.
Abajo en la sala, la familia reza los últimos Aves Marías.